Las primeras cebollas tiernas las podemos encontrar desde el mes de mayo, hasta enero que empiezan a brotar y se va consumiendo el "bulbo" ya que es una planta bianual.

Las cebollas son una buena fuente del antioxidante quercetina. Este flavonoide ayuda a compensar el daño producido por el estrés oxidativo sobre las fibras musculares y demás tejidos causados por un ejercicio intenso. De hecho, en un estudio realizado sobre animales de laboratorio, la quercetina ayudó a compensar el estrés oxidativo sobre tejido cerebral tras un ejercicio intenso.

 El fuerte olor de las cebollas (y del ajo) proviene de los componentes sulfurosos que contienen, siendo el principal el disulfuro de alilpropilo. Estos componentes, combinados con los altos contenidos en quercetina, protegen los vasos sanguíneos del daño producido por el colesterol, aumentando así la salud cardiovascular.


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