La cúrcuma es un potente antiinflamatorio muy usado en la cocina hindú y en la medicina ayurvédica. Es el componente que le da el color amarillo al curry. Tiene un sabor entre amargo y picante.

El principio antitumoral de la cúrcuma es la curcumina, capaz de inhibir el crecimiento de muchos tipos de células tumorales (ovario, mama, colon, hígado, pulmón, páncreas, estómago, vejiga, etc). Hay estudios realizados con ratones a los que se les implantan células tumorales humanas con resultados increíbles.
Consumo: Lo ideal sería consumir al menos 5 gramos de cúrcuma al día (media cucharadita de café), pero ojo, para que se absorba a nivel intestinal hay que mezclarla con una pizca de pimienta negra y aceite de oliva o de lino. Su eficacia también se aumenta si se toma junto a la genisteína presente en la soja y con té verde. Así que después de un rico arroz con brotes de soja nos tomamos un té verde y a mantener el cáncer a raya. Ah, y si añadimos una copita de vino tinto eco, ya nos olvidamos de las células tumorales.

Lo podemos añadir a todos nuestros platos: sopas, guisos, arroces, zumos vegetales, ensaladas, etc.

El único inconveniente que tiene es que lo tiñe todo.





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